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viernes, 15 de mayo de 2009

A la Señora Tránsito Amaguaña

A la Señora Tránsito Amaguaña

Amelia Ribadeneira
Columnista
aribadeneira@telegrafo.com.ec


“… Esa vida, vida tan amarga, vida tan triste… acordando de ese tiempo”, del tiempo de las haciendas, del tiempo de los patrones, del tiempo de los verdugos. “A gusto de ellos bailaban sobre nosotros. Con todo perro venían, con escopetas, con palos, con aciales. Iban matando mismo, regando la sangre iban”. Ayer no más fue, siglo veinte vea, todavía de muerte y de hambre para el indio, para la india. ¿Quiénes eran? Los guardianes de la democracia con la bendición de los curas, eso no ha de haber sido pecado si indios no más eran. “En ese tiempo no había ninguna justicia. No había ninguna cosa. A gusto de ellos maltrataban. A gusto de ellos pisoteaban a nosotros”.

Habla la comunista, la “Mama Tránsito”, la maestra, la señora, la bella contra las bestias. Pero cómo es esto de ser comunista, cómo era ese tiempo Mamá Tránsito, ¿cómo?. “Ese tiempo, púchica, aquí, toda cosa era escondida, cosa secreta. Dios mío, llorar, llorábamos, por qué meteríamos en esa Ley”. ¿La Ley de reforma agraria?. “En esta comunista, qué será. Hacían llorar los enemigos, hacían llorar los patrones, el teniente político, el cura…”.

“¿Qué le decía el cura? ¡Ay! A mí me ha pegado el cura, ca, en hacienda de Pesillo. Yo también me fui a misa. Entonces, púchica carajo, cómo me pegó. En cada hablada me pegaba. ¿Y qué le decía? Diciendo que soy comunista, pues. Negada de fe de Dios. Si te mueres, también botar, dijo, por quebrada, no enterrar en panteón”.

“Y para colmo presa, ella y sus huesitos por andar de comunista, por andar en malas juntas, por ir a Cuba”

Elé, de no creer. Por andar luchando por sus tierras, por andar creyendo que los indígenas tienen derecho. ¿Y desde cuándo lucha?. “Yo todo siempre, desde guambrita. Por eso digo, en las casas era segurito yo, segurito. Después ya el partido (…) Así estando luchando ya, luchando, luchando, vino ya la lucha de reforma agraria. Yo no comprendía qué es la reforma agraria. De tanto preguntar, de tanto oír, entendí que quiere decir. Allí me avisaron, eso es compañera. Hemos luchado fuertísimo. Cada día, cada semana tras los soldados a coger a los cabecillas, a coger a los dirigentes. Que se meta para atrás, que se vaya para arriba, que se escondan”.

Y para colmo presa, ella y sus huesitos por andar de comunista, por irse a Cuba y a Rusia, por andar en malas juntas. ¿Presa? (1963): “En penal cuatro meses, cuatro días por esta lucha. Por haber ido a Moscú diciendo que ha traído bala y plata”. ¿Qué le decían los soldados, por qué le cogieron?, “Por haber ido allá, pues”. Y ¿cómo le trataron en el penal? “Por qué iba a tratar bien. Solo chirlazos. Bueno, patear no me ha pateado, bueno garrotizas, no ha garroteado, de ahí chirlazos, aminazas de meter bala”.

Pero esas cosas Mamá Tránsito, no eran de mujeres pues. ¿Por qué andaban las mujeres en estas conspiraciones? “Porque han de haber sabido pensar, han de haber sabido tener pensamiento. Han de haber sido valientes, no deben haber tenido miedo. Más cólera da que miedo”.

Esta entrevista fue adaptada del libro “Fondo documental / Narrativa de Mujeres Indígenas, Flacso Ecuador (2006), que a su vez tomó de la revista La Chimba (1977). Todo lo que está entre comillas es la voz de la Señora Tránsito Amaguaña.

martes, 12 de mayo de 2009

Tránsito (In memorian)

Tránsito (In memorian)
Kintto Lucas
Periodista, columnista invitado


Cayambe, 1994. - El volcán abre su vida a la magia, abre sus entrañas... que son blancas, llenas de canas como la historia, caliente y fría como la vida, como la navidad que se acerca... La soledad también es parte de la vida, pero aquí no es tan sola, y el frío es parte de la llama que algún día fue. Aquí está ella como la soledad, como el propio fuego, frente a la navidad, frente a su vida, frente a su historia, que es como la historia de su gente. Aquí está la abuela Tránsito frente al Cayambe...

Aquí 85 años son como minutos en la inmortalidad, en la pelea por entibiar el frío y darle más frío al fuego; por juntar frío, fuego y vida para que caminen por todos los diciembres, por darle colores al amanecer, en el amanecer...

Hace varios tiempos, en los años de mucha pelea, de conquistar los horizontes con mucho hacer, de hacer... supo del dolor del huasipungo y quiso terminar con él, supo de la necesidad de tierra para plantar y quiso conquistarla, supo que había que juntarse y surgieron los primeros sindicatos agrarios del Ecuador...

Y los indígenas comenzaron a recuperar la vida. Y en el 31, en Olmedo nació la huelga. Y allí está ella... y un aire distinto comienza a caminar la sierra, y ya la navidad no es tan triste, y ya no hay mundos para atar, hay que buscar el tiempo para cambiar, hay que desatar alambres y eliminar las cercas, para que todo el año sea navidad...

Pero la autoridad-autora-autoritaria, actúa con lo que sabe, como lo que es, y los sables habitan la zona, y el Cayambe ruge mudo... Chozas y cosechas se destruyen, y la vida va entre rejas, y la navidad anda como el tiempo del mundo, como camina el mundo, como el mundo, ¿cómo?...

Hasta que un día una partecita de los huasipungos son devueltos a sus dueños... Y a pesar de ser muy poco, los de mucho tener no lo aceptan, quieren todo para ellos, quieren ser dueños de la navidad... Y la pelea sigue, y la cárcel llega, y la realidad no pasa, y el tiempo recorre la cara de Tránsito que, hoy está junto al Cayambe...

Tránsito Amaguaña. Nació en Pesillo, al norte de Quito, en 1909. De niña conoció el duro trabajo de sus padres en la hacienda del patrón. A los 14 años, la obligaron a casarse con un hombre mucho mayor, pero el matrimonio duró poco porque el marido no quería unirse a la lucha de los indígenas. Participó en la creación de los primeros sindicatos agrícolas del país, en la primera huelga de trabajadores agrícolas en Olmedo y en la fundación de la Federación Ecuatoriana de Indios en 1944, junto a Nela Martínez y Dolores Cacuango. Inició las escuelas campesinas, en las que por primera vez se enseñaba a los indígenas en kichwa. En 1963, luego de un viaje por la Unión Soviética, fue detenida y llevada al Penal García Moreno, acusada de tráfico de armas soviéticas. Vive su vejez sola, en una pequeña chacra de su tierra, junto al volcán Cayambe.

domingo, 3 de mayo de 2009

MALOS PERDEDORES Y MALOS GANADORES

Malos perdedores y malos ganadores

muenalag@mail.com

Luego de los comicios electorales del domingo, como es lógico, el resultado es ganadores y perdedores, lo malo es que siempre observamos que existen malos perdedores y malos ganadores.
No existe un consenso general que respete los resultados, pero esos son los costos del proceso democrático que aun no ha encontrado la formula para contentar a todos, que tampoco es lógico.
Esta dicotomía de ganadores y perdedores, se puede observar cuando existen dos o mas candidatos que se pelean el triunfo con el voto a voto, y eso lo habíamos anticipado por la existencia de dos candidaturas fuertes que disputarían la codiciada alcaldía de Otavalo.
Los resultados parciales que ha emitido el Consejo Provincial Electoral, con el trabajo lento de las Juntas Intermedias, ha creado incertidumbre sobre todo en los malos perdedores que argumentan una serie de irregularidades con el único objetivo de crear caos, en busca de deslegitimar al candidato ganador.
La tendencia de los sondeas serios realizados por los propios veedores de los partidos en disputa y por los medios de comunicación que realizaron un trabajo juicioso, ya dictaminaron un solo ganador con un margen de ganancia razonable y claro, el mismo domingo se determinó en que zonas se produjo el desequilibrio, pero los porque aun no han sido interpretados.
El llamado es para que en los movimientos políticos respeten la democracia, existen procedimientos para proceder a los reclamos de haberlos, y por su existencia hay jueces que dirimen estas impugnaciones.
El resto de acciones son patadas y relinches de los malos perdedores. Así no logramos fortalecer nuestro sistema democrático y propender a que existan buenos perdedores y buenos ganadores.

martes, 28 de abril de 2009

Justicia indígena

Justicia indígena

PADRE PEDRO PIERRE

ppierre@telegrafo.com.ec


La justicia oficial quiere dar lecciones a la justicia indígena. Jesús profetizó muy bien de la inmensa mayoría de sus representantes: “Dices a tu hermano: Déjame sacarte esa pelusa del ojo, teniendo tú un tronco en el tuyo. Hipócrita, saca primero el tronco que tienes en tu ojo y así verás mejor para sacar la pelusa del ojo de tu hermano. No den lo que es santo a los perros, ni echen sus perlas a los cerdos”.

¿Cuál es la institución ecuatoriana más corrupta que la justicia? Hipocresía y racismo. Pues muchas lecciones tenemos que recibir de la justicia indígena.
Primero: se juzga y castiga a las personas que han sido arrestadas en el acto. ¿Cuántas gentes encarceladas fueron arrestadas por casualidad y que, después de años, serán reconocidas inocentes porque “fue un error”?

Segundo: hay juicio indígena. ¿Cuántas gentes pasan años en las cárceles sin juicio? Además el juicio indígena es público: muchas personas intervienen. En la justicia oficial, ¿cuántos juicios, amarrados de antemano, desaparecen, particularmente de los que mucha plata tienen?

Tercero: no hay cárceles indígenas. Las cárceles estatales se llaman vergonzosamente “Centros de reeducación”. Son cárceles con mafias internas, “imposibles de controlar”, que se hacen pagar y que matar, donde se trafica drogas y armas, donde los que tienen plata pueden tener las comodidades de un hotel de varias estrellas. Cárceles donde uno se muere de hambre, de enfermedades, de soledad, de torturas; donde se viola a varones y mujeres; donde se aprende a robar, asaltar y matar mejor…

Cuarto: en la justicia indígena las penas son clasificadas según la gravedad del acto cometido. Claro, son castigos físicos y a veces castigos muy duros que la televisión sabe presentar y comentar con un gran sabor morboso. “Atentados a la dignidad humana”, comenta indignado el periodista de turno. Porque en las cárceles estatales, estar encerrado años sin juicio o con juicio pero sin sentencia, no es castigo. Porque las condiciones degradantes de la mayoría de las cárceles no son castigo. Porque aceptar que las cárceles son “imposibles de controlar” no es castigo. Porque no es castigo que la mayoría de los presos de las cárceles sean pobres, indígenas o negros. Porque llegar a morir en una cárcel ‘mestiza’ no es castigo…

Quinto: los castigos son públicos en la justicia indígena, donde no se castiga hasta la muerte y donde los verdugos actúan con la cara descubierta. ¡Qué bonitas e higiénicas las ejecuciones norteamericanos en la silla eléctrica!

Ahora, “el que esté sin pecado que eche la primºera piedra”. ¿Cuántas veces hemos “pagado” por el encarcelamiento de un familiar, un vecino, un compañero de lucha, porque “no hay más remedio”? ¿Cuántos hemos ido a protestar por estas situaciones vergonzosas de las cárceles para no hacernos cómplices de lo que denunciamos?

Todo esto es muestra de mucha hipocresía y racismo. Racismo porque se desprestigia mucho las raíces de donde provienen todos los mestizos que critican las prácticas de la justicia indígena.

lunes, 27 de abril de 2009

Quechuahablantes y discriminación


Autor: Patricia del Río

No hablemos de la congresista Hilaria Supa. Hablemos de lo que significa ser una mujer quechuahablante y haber nacido en alguna zona rural del Perú.

Según las cifras del Censo 2007, el 31.1% de estas mujeres son analfabetas, el 38.3 % tiene estudios de primaria, el 22.6% llega a la secundaria y solo el 2.9% alcanza la universidad. Para una niña, nacer en el campo implica estar condenada a la falta de oportunidades pues, en contextos de pobreza extrema, las familias prefieren apostar por la educación de sus hijos hombres con la idea de que ellos tienen más posibilidades de salir adelante con una carrera. Las niñas, en cambio, se quedan ayudando a su madre, casi siempre quechuahablante y analfabeta también, en las labores del hogar.

Ahora, qué pasa con las niñas que, efectivamente, logran llegar a la escuela. Si consiguen ser matriculadas, su centro educativo será, casi con seguridad, multigrado o unidocente; es decir, atendida por un profesor, que se las arregla para enseñar generalmente sin libros y sin cuadernos a todos los niños de distintos grados, edades e intereses. (El 90% de instituciones educativas de primaria rurales es atendido por docentes con más de un grado a su cargo). Además, ellas llegarán hablando quechua y tendrán que insertarse en un sistema educativo que no está preparado para enseñarles a leer y escribir a alumnos cuya lengua materna no es el castellano.

Los resultados de este choque cultural, que se produce desde hace décadas en muchas zonas de nuestro país, es terrible: los niños sufren discriminació n y maltrato por parte de maestros que no les entienden lo que hablan y, pronto, abandonan la escuela con un incipiente manejo del castellano con el que tienen que sobrevivir por el resto de su vida. Los que se quedan, porque tuvieron la suerte de tener profesores más dedicados, o porque, a pesar de las dificultades, insisten en la educación como un mecanismo de superación, recibirán una formación pobre, llena de vacíos, que no les otorgará una base sólida para continuar estudios superiores.

Así como Hilaria Supa hay millones de quechuahablantes que han aprendido como han podido un español imperfecto que el Estado los obliga a usar, pero que es incapaz de enseñarles. Este español motoso, sin embargo, no los hace ignorantes ni incapaces, como muchos quisieran creer. ¿No los hemos visto acaso, a lo largo de los años, llegar a Lima y esforzarse por ofrecerles a sus hijos un mejor futuro? Ahí están las empleadas del hogar, los comerciantes de La Parada, los empresarios de Gamarra o los comerciantes de Villa El Salvador para demostrarnos que su mayor obstáculo por superar no ha sido el idioma, sino la intolerancia y burla de ciertos limeñitos que la han tenido tan fácil en la vida que son incapaces de ver más allá de su propio engreimiento.

Le aqui lo que publico El Correo el dia de ayer.
http://www.correope ru.com.pe/ correo/nota. php?txtEdi_ id=4&txtSecci_id= 101&txtSecci_parent=&txtNota_id=43706

jueves, 16 de abril de 2009

¿Justicia salvaje?

¿Justicia salvaje?

Floresmilo Simbaña

fsimbana@telegrafo.com.ec

Eran las once de la noche cuando el Presidente de la comuna pidió al secretario que leyera la resolución: “La Comuna Chonatamarca, del cantón Cañar, en el caso de agresión de parte del compañero Darío a su esposa Josefina y a sus dos hijos, resuelve por unanimidad que los dos se queden esta noche en la casa comunal y busquen un acuerdo de solución del problema familiar, mañana se le preguntará a ella, si está conforme con el acuerdo o la solución ofrecida por su esposo, de no ser así la Comuna tomará una decisión; mientras se soluciona el problema los hijos, por ser niños todavía, quedan al cuidado de los abuelos. Para la resolución final se convoca a Asamblea general el día de mañana, a las 07h00”. Eso es todo compañero Presidente. Terminada la Asamblea los comuneros salieron.

Casi todos abandonaban el salón con gran lentitud, muchos querían saber que pensaban los demás sobre el problema que acababan de juzgar, sobre todo porque estos asuntos frecuentes no se ventilan en público. Seguramente esa era la razón que algunos caminen callados, como queriendo ocultar vergüenzas propias, en cambio las mujeres hacían comentarios alzando la voz para que todos los hombres escuchen. Otros se quedaron mirando a través de las ventanas, a ver que hacía la pareja. Por un buen tiempo ninguno de los dos se atrevió a moverse del asiento. Finalmente fue ella quien decidió tomar la iniciativa, dio algunos pasos, fijando su mirada en él, y entre compasión, dolor y reproche le salió la voz; ¡di algo, no te quedes ahí como toro enfermo!

Con puntualidad el presidente dio inicio a la Asamblea. Luego de la lectura del acta de la noche anterior y hacer un recuento del proceso, preguntó a la agredida si habían llegado a un acuerdo o si ella había aceptado algún ofrecimiento de disculpa ofrecido por su marido.

“No compañero Presidente, compañeros de la Asamblea, él me ha dicho que ya no volverá a pegarme, que todo fue porque estaba tomado, pero que ya no volvería a tomar, pero eso me viene prometiendo desde que nos casamos, pero igual sigue hasta ahora, así que ya no le creo”. No bien terminó de hablar, el salón se llenó de voces de reclamo y de respaldo. El Presidente con esfuerzo puso un mínimo orden pidiendo que hablaran únicamente cuando él les diera la palabra.

Una de las comuneras reclamó que más se dé la palabra a hombres y luego de exigir que se escuche a las mujeres, presentó su propuesta: “ya que el marido ha venido pegando a su esposa desde mucho antes, de igual manera a sus hijos, él debería pedir disculpas en una reunión de la escuela, que nadie le venda o brinde trago, que por un buen tiempo la esposa informe a la asamblea si está cambiando su comportamiento; por último, hacer un trabajo de beneficio comunitario, aprovechando que la escuela necesita un muro, él deberá hacerlo”. No sin varias objeciones la Asamblea decidió aceptar la propuesta, previo el consentimiento de la agredida.

¿Por qué será que a esto no viene la televisión?, preguntaba un comunero, pues porque a ellos solo les interesa la sangre y los muertos, contestó otro.

lunes, 13 de abril de 2009

OPINION

Anuncios presidenciales para una política indígena: Convenio 169 de la OIT y reconocimiento constitucional ¿demanda indígena o negocio presidencial?

Sergio Caniuqueo Huircapan. Historiador
Rodrigo Levil Chicahual, Sociólogo.

Hace unas semanas se aprobó el convenio 169 de la OIT, el hecho pasó sin pena ni gloria, no hubo organizaciones indígenas celebrando, es más, los consejeros de la CONADI llamaron a la cautela. La sala en el congreso estaba vacía en el momento de aprobación. Hoy, el gobierno plantea la aprobación del reconocimiento constitucional de la misma manera, a puertas cerradas y sin participación indígena.

Para el caso del convenio 169 de la OIT, se intentó agregar por parte del gobierno -pues el congreso la aprobó en su integridad- una declaración interpretativa, que, lo más probable, la OIT no admitira. Sin embargo, el tema que nos convoca no es la discusión leguleya, sino las implicancias políticas a partir de las lecturas sobre los posibles escenarios.

Partimos de una lectura perversa de los hechos, en el sentido de los dividendos políticos que pueden sacar los diversos sectores y lo secreto que han sido los procedimientos para la aprobación de ambos recursos legales. Llama la atención la poca información que se le ha dado a las naciones originarias o a la población chilena sobre lo que persiguen estos cuerpos legales. No se ha dicho que estas legislaciones dotan de herramientas que permiten el mejor desarrollo económico y social de los indígenas; refuerzan los procesos democráticos a partir de la participación activa e informada en las estructuras políticas; permiten corregir las injusticias sociales de la que han sido víctimas las naciones originarias al haber sido privadas de sus recursos económicos y al haber estado sometidas a prácticas racistas y etnocidas, llevadas a cabo por instituciones de orden público, educativas, religiosas, gremios agrícolas y población en general. En el fondo se apunta al derecho a autodeterminació n, que no es algo complicado de entender, y que se sintetiza en la manera en la cual los pueblos, de forma informada, deciden su futuro.

En segundo lugar, la verdadera victoria, para las naciones originarias, se encuentra en los procesos de implementació n de esta legislación, no el ratificación. De no participar de manera activa en ésta, sería una derrota. En estos momentos, el Convenio 169 debe cumplir el último trámite, que corresponde a la ratificación por el ejecutivo frente la OIT. En estas circunstancias el petitorio por parte del Movimiento Mapuche debería ser uno: que el gobierno desista de la declaración interpretativa, pues en los actuales anuncio esto no queda claro, que se empeña en incorporar, porque esta no es conducente y nos lleva a desconfiar de la clase política gobernante.

En tercer lugar, debemos exigir que los procesos de implementació n de las políticas relacionadas con las naciones originarias a la luz del Convenio 169 y otros cuerpos legales como la declaración de las Naciones Unidas sobre los Pueblos Indígenas, se realicen de manera participativa, y sean definidas por los propios pueblos afectados, a partir de comisiones políticas y técnicas que sirvan de contraparte al Estado.

Por otro lado, se requiere potenciar los instrumentos jurídicos, como el Convenio 169 y, eventualmente el Reconocimiento Constitucional (si es que no es hecho a la chilena), principalmente con la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, así como con otros mecanismos que reconozcan nuestros derechos de pueblo. Es necesario exprimir los aspectos positivos de estos instrumentos considerando que no por el hecho de constituirse en ley, serán respetados y la situación de los pueblos indígenas mejorará. Es necesario conocer, difundir y exigir el respeto por nuestros derechos y tener presente que si bien en la Declaración Universal existe un avance sustantivo en el reconocimiento del derecho a la libredeterminació n, la última palabra en estas materias tampoco está impresa en los cuerpos legales.

Los peligros que se vislumbran en el proceso se encuentran en la discusión técnica, en la cual se pueda dejar de lado a las organizaciones indígenas, peor si esto se hace con agentes externos como las empresas consultoras, o consultores que a veces no son más que mercenarios. Esto no significa que no exista contraparte frente a las instituciones estatales, que deben modificar la legislación sectorial, todo lo contrario las organizaciones deben proponer equipos técnicos de su confianza, que lleven un tiempo trabajando y en donde exista la confianza política, fuera de la participación que por derecho les corresponde. Pensemos que esta legislación debe establecer nuevos estándares a nivel internacional, pero rescatando las potencialidades de los pueblos originarios bajo un desarrollo integral, sobre todo con el componente ético espiritual que ha caracterizado a los pueblos originarios.

El peligro de las empresas consultoras, o consultores, externas puede llevar a la intromisión de partidos políticos y otras instituciones, a partir de organismos técnicos, más preocupados en la rentabilidad que en el proceso social, o más interesados en su percepción política e ideológica que en los anhelos de los pueblos originarios. Estos peligros ya se han vistos en la evaluación que han hecho las comunidades, tanto para el programa ORÍGENES como en la CONADI.

Por otro lado, en términos de dividendos políticos, uno se preguntará qué ganará la derecha aprobando una legislación indígena, pues a la derecha jamás le ha interesado enfatizar la realidad indígena. Basta ver las publicaciones de Libertad y Desarrollo, en la cual hay una preocupación por deslegitimar los derechos de los pueblos originarios, cayendo en propuestas basadas solo en generalidades. La derecha carece de una propuesta técnica hacia el tema, ni siquiera lo aborda desde el punto de vista agrícola, y solo sabe explicitar sus temores frente a ciertos derechos. Es posible que la derecha piense que la concertación ha abierto un frente sobre el cual podrían basar sus críticas, sabiendo sus relativamente escasas posibilidades de ser gobierno. Pero aun siendo gobierno, la derecha siente que el tema puede ser manejado con criminalizació n y represión, aparte del paternalismo asimilacionista hacia las comunidades indígenas. O sea, es la lógica de paternalismo, que solo necesita plata para solucionar el tema; hacer caminos, sedes, canchas, por nombrar algunas; así como programas de empleos mínimo para los indígenas, como en dictadura.

Qué dividendos obtiene la concertación. En lo inmediato limpia, medianamente, su imagen frente al escenario internacional; en tanto que internamente distrae buena parte de los esfuerzos del movimiento indígena en la instalación de temas relacionados con la implementació n de políticas indígenas y los derechos de las naciones originarias. Al ser gobierno, la concertación tiene la posibilidad de intervenir en la implementació n de las políticas derivadas del Convenio 169 OIT y poseer un control de las instituciones públicas. Pero también a través de la licitación a consultoras u otros equipos técnicos externos, que generalmente pertenecen a militantes de los partidos de la concertación o mantienen fuertes vínculos con estos. De esa manera puede poseer un control del movimiento indígena y de los procesos técnicos, fuera de comprometer a los indígenas en una nueva oferta política a partir de un nuevo compromiso presidencial como lo fue Imperial el ‘89. En caso de no ser gobierno después del 2010, contaría con un frente para hacer política y canalizar recursos.

Desde nuestra perspectiva pareciera ser que los indígenas volvemos a ser moneda de cambio para dos bloques que mantienen un monopolio en el poder. Pues ningún parlamentario, sobre todo en este gobierno, se ha acercado para trabajar el tema desde una perspectiva técnica y política con las organizaciones indígenas. Se han tenido solo reuniones informativas, algunos apoyos frente a casos emblemáticos y consultoría a algunos "especialistas” .

Por ello es que como pueblo es necesario avanzar en una unificación nacional mapuche, en la cual fijemos una estructura política que sea contraparte al Estado, seleccionar un equipo político y técnico capaz de negociar la implementació n y generar un proceso de movilización basado en la participación activa de las bases para la generación de propuestas frente al Estado, con un presupuesto acorde y con observadores que velen por la transparencia del proceso. Es por eso que hoy más que nunca no debemos restarnos de los procesos y dejar que esta responsabilidad sólo se mantenga en el Estado, debemos intervenir de manera garantizada, pues se juegan nuestros derechos y nuestras posibilidades de desarrollo.

Rogamos a las organizaciones mapuche que como acto de consecuencia no celebren actos públicos con los representantes del gobierno, no caigamos en el yanaconaje; hasta que la presidenta ratifique el convenio y se desarrolle un verdadero proceso participativo de las naciones originarias, tratemos de mantener la dignidad que heredamos de nuestros mayores.

OPINION

Anuncios presidenciales para una política indígena: Convenio 169 de la OIT y reconocimiento constitucional ¿demanda indígena o negocio presidencial?

Sergio Caniuqueo Huircapan. Historiador
Rodrigo Levil Chicahual, Sociólogo.

Hace unas semanas se aprobó el convenio 169 de la OIT, el hecho pasó sin pena ni gloria, no hubo organizaciones indígenas celebrando, es más, los consejeros de la CONADI llamaron a la cautela. La sala en el congreso estaba vacía en el momento de aprobación. Hoy, el gobierno plantea la aprobación del reconocimiento constitucional de la misma manera, a puertas cerradas y sin participación indígena.

Para el caso del convenio 169 de la OIT, se intentó agregar por parte del gobierno -pues el congreso la aprobó en su integridad- una declaración interpretativa, que, lo más probable, la OIT no admitira. Sin embargo, el tema que nos convoca no es la discusión leguleya, sino las implicancias políticas a partir de las lecturas sobre los posibles escenarios.

Partimos de una lectura perversa de los hechos, en el sentido de los dividendos políticos que pueden sacar los diversos sectores y lo secreto que han sido los procedimientos para la aprobación de ambos recursos legales. Llama la atención la poca información que se le ha dado a las naciones originarias o a la población chilena sobre lo que persiguen estos cuerpos legales. No se ha dicho que estas legislaciones dotan de herramientas que permiten el mejor desarrollo económico y social de los indígenas; refuerzan los procesos democráticos a partir de la participación activa e informada en las estructuras políticas; permiten corregir las injusticias sociales de la que han sido víctimas las naciones originarias al haber sido privadas de sus recursos económicos y al haber estado sometidas a prácticas racistas y etnocidas, llevadas a cabo por instituciones de orden público, educativas, religiosas, gremios agrícolas y población en general. En el fondo se apunta al derecho a autodeterminació n, que no es algo complicado de entender, y que se sintetiza en la manera en la cual los pueblos, de forma informada, deciden su futuro.

En segundo lugar, la verdadera victoria, para las naciones originarias, se encuentra en los procesos de implementació n de esta legislación, no el ratificación. De no participar de manera activa en ésta, sería una derrota. En estos momentos, el Convenio 169 debe cumplir el último trámite, que corresponde a la ratificación por el ejecutivo frente la OIT. En estas circunstancias el petitorio por parte del Movimiento Mapuche debería ser uno: que el gobierno desista de la declaración interpretativa, pues en los actuales anuncio esto no queda claro, que se empeña en incorporar, porque esta no es conducente y nos lleva a desconfiar de la clase política gobernante.

En tercer lugar, debemos exigir que los procesos de implementació n de las políticas relacionadas con las naciones originarias a la luz del Convenio 169 y otros cuerpos legales como la declaración de las Naciones Unidas sobre los Pueblos Indígenas, se realicen de manera participativa, y sean definidas por los propios pueblos afectados, a partir de comisiones políticas y técnicas que sirvan de contraparte al Estado.

Por otro lado, se requiere potenciar los instrumentos jurídicos, como el Convenio 169 y, eventualmente el Reconocimiento Constitucional (si es que no es hecho a la chilena), principalmente con la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, así como con otros mecanismos que reconozcan nuestros derechos de pueblo. Es necesario exprimir los aspectos positivos de estos instrumentos considerando que no por el hecho de constituirse en ley, serán respetados y la situación de los pueblos indígenas mejorará. Es necesario conocer, difundir y exigir el respeto por nuestros derechos y tener presente que si bien en la Declaración Universal existe un avance sustantivo en el reconocimiento del derecho a la libredeterminació n, la última palabra en estas materias tampoco está impresa en los cuerpos legales.

Los peligros que se vislumbran en el proceso se encuentran en la discusión técnica, en la cual se pueda dejar de lado a las organizaciones indígenas, peor si esto se hace con agentes externos como las empresas consultoras, o consultores que a veces no son más que mercenarios. Esto no significa que no exista contraparte frente a las instituciones estatales, que deben modificar la legislación sectorial, todo lo contrario las organizaciones deben proponer equipos técnicos de su confianza, que lleven un tiempo trabajando y en donde exista la confianza política, fuera de la participación que por derecho les corresponde. Pensemos que esta legislación debe establecer nuevos estándares a nivel internacional, pero rescatando las potencialidades de los pueblos originarios bajo un desarrollo integral, sobre todo con el componente ético espiritual que ha caracterizado a los pueblos originarios.

El peligro de las empresas consultoras, o consultores, externas puede llevar a la intromisión de partidos políticos y otras instituciones, a partir de organismos técnicos, más preocupados en la rentabilidad que en el proceso social, o más interesados en su percepción política e ideológica que en los anhelos de los pueblos originarios. Estos peligros ya se han vistos en la evaluación que han hecho las comunidades, tanto para el programa ORÍGENES como en la CONADI.

Por otro lado, en términos de dividendos políticos, uno se preguntará qué ganará la derecha aprobando una legislación indígena, pues a la derecha jamás le ha interesado enfatizar la realidad indígena. Basta ver las publicaciones de Libertad y Desarrollo, en la cual hay una preocupación por deslegitimar los derechos de los pueblos originarios, cayendo en propuestas basadas solo en generalidades. La derecha carece de una propuesta técnica hacia el tema, ni siquiera lo aborda desde el punto de vista agrícola, y solo sabe explicitar sus temores frente a ciertos derechos. Es posible que la derecha piense que la concertación ha abierto un frente sobre el cual podrían basar sus críticas, sabiendo sus relativamente escasas posibilidades de ser gobierno. Pero aun siendo gobierno, la derecha siente que el tema puede ser manejado con criminalizació n y represión, aparte del paternalismo asimilacionista hacia las comunidades indígenas. O sea, es la lógica de paternalismo, que solo necesita plata para solucionar el tema; hacer caminos, sedes, canchas, por nombrar algunas; así como programas de empleos mínimo para los indígenas, como en dictadura.

Qué dividendos obtiene la concertación. En lo inmediato limpia, medianamente, su imagen frente al escenario internacional; en tanto que internamente distrae buena parte de los esfuerzos del movimiento indígena en la instalación de temas relacionados con la implementació n de políticas indígenas y los derechos de las naciones originarias. Al ser gobierno, la concertación tiene la posibilidad de intervenir en la implementació n de las políticas derivadas del Convenio 169 OIT y poseer un control de las instituciones públicas. Pero también a través de la licitación a consultoras u otros equipos técnicos externos, que generalmente pertenecen a militantes de los partidos de la concertación o mantienen fuertes vínculos con estos. De esa manera puede poseer un control del movimiento indígena y de los procesos técnicos, fuera de comprometer a los indígenas en una nueva oferta política a partir de un nuevo compromiso presidencial como lo fue Imperial el ‘89. En caso de no ser gobierno después del 2010, contaría con un frente para hacer política y canalizar recursos.

Desde nuestra perspectiva pareciera ser que los indígenas volvemos a ser moneda de cambio para dos bloques que mantienen un monopolio en el poder. Pues ningún parlamentario, sobre todo en este gobierno, se ha acercado para trabajar el tema desde una perspectiva técnica y política con las organizaciones indígenas. Se han tenido solo reuniones informativas, algunos apoyos frente a casos emblemáticos y consultoría a algunos "especialistas” .

Por ello es que como pueblo es necesario avanzar en una unificación nacional mapuche, en la cual fijemos una estructura política que sea contraparte al Estado, seleccionar un equipo político y técnico capaz de negociar la implementació n y generar un proceso de movilización basado en la participación activa de las bases para la generación de propuestas frente al Estado, con un presupuesto acorde y con observadores que velen por la transparencia del proceso. Es por eso que hoy más que nunca no debemos restarnos de los procesos y dejar que esta responsabilidad sólo se mantenga en el Estado, debemos intervenir de manera garantizada, pues se juegan nuestros derechos y nuestras posibilidades de desarrollo.

Rogamos a las organizaciones mapuche que como acto de consecuencia no celebren actos públicos con los representantes del gobierno, no caigamos en el yanaconaje; hasta que la presidenta ratifique el convenio y se desarrolle un verdadero proceso participativo de las naciones originarias, tratemos de mantener la dignidad que heredamos de nuestros mayores.

lunes, 8 de diciembre de 2008

¿Una deuda cultural?

¿Una deuda cultural?

SANTIAGO ROSERO 
Comunicador 


"Uy, pero si no canta una en español ya no me va a gustar”, me dijo mi madre mientras presenciábamos el concierto de Mariela Condo, una joven cantante perteneciente a la cultura Puruhá (provincia del Chimborazo), que presentó hace unos días su primer disco Shuk Shimi, Waranka Shimi (Una voz, mil voces).

Condo cantó en quichua y se dirigió a la audiencia en español tan solo para presentar algunos temas. Su repertorio se compuso de piezas del cancionero popular andino reinterpretadas con aportes de la música contemporánea, el jazz y ciertos destellos de un funk delicado. 

“No estoy seguro de si somos “nosotros” los que podríamos exigirle a ella que se deje entender, quizás ella podría exigirnos a nosotros que le entendamos”, le repliqué a mi madre, “al final, el quichua es una lengua originaria que tal vez debió haber sido aprendida por todos”, continué. “Tal vez, pero ya que no fue así, ahora ella podría hacer algo para que todos le entendamos”, sentenció.   

Salvo por determinadas coyunturas, no es frecuente que nos detengamos a reflexionar, en una suerte de introspección identitaria, sobre la presencia o ausencia de ciertas dotes culturales en nuestro acervo. En el proceso de redacción de la nueva Constitución, sectores de la población indígena y mestiza abogaron por el reconocimiento del quichua como lengua oficial del Ecuador. Así, con la efervescencia reivindicativa nos distrajimos en esa lucha hasta que supimos que sobre la hora el quichua y el shuar quedaron apuntados como idiomas oficiales de relación intercultural. Entonces continuamos andando con la cabeza hundida en la contemporaneidad globalizada. 

De ahí en más, cuando las circunstancias enfrentan a grupos indígenas con el Ejecutivo, se escucha al Presidente intentando restarle peso a los reclamos con una apelación a su aparentemente reducida fuerza de representatividad frente a una totalidad que se la asume conforme. Y entonces se lanzan cifras en porcentajes como para legitimar las objeciones, pero ahí mismo se reactivan los debates eternos. 

Si la posibilidad de desestimar demandas de ciertas minorías (según datos del INEC en 2001 un 6,8% de la población se autoidentificó como indígena) radica en alegar la poca trascendencia colectiva de sus propuestas, ¿los capitales hereditarios de su cultura debieran ser considerados como de interés nacional sólo en tanto contengan cualidades utilitarias masivas, es decir, en tanto se ponga de relieve su valor de uso? De ser así, quizás quepa asumir que para la población ecuatoriana no quichua hablante (un estudio de la FLACSO indica que en 1990 un 8,6% de la población hablaba quichua) la lengua ancestral significará una deuda cultural proscrita por las urgencias de una aldea globalizada que, tras la legitimación del inglés como lengua universal, hoy empieza a advertir las arremetidas del mandarín. Mientras tanto, para los pueblos indígenas que la utilizan fuera de las zonas donde habitan, el quichua permanecerá más como un registro de capital simbólico que como un recurso concreto de comunicación. Por ende, los cantos de Mariela Condo seguirán sonando para mucha gente más extraños que los de Madonna.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

El indígena, un periodismo que aún no se llama así

IPS


El periodismo indígena parece estar en una etapa análoga a la que vivió décadas atrás el ambiental: nacido en la necesidad y la denuncia, expresa la constante tensión entre activismo y ejercicio profesional. El problema es que "somos fuente y somos medio" a la vez, dijo la kankuama Silsa Arias, responsable de comunicación de la Organización Nacional Indígena de Colombia (ONIC), cuando discutíamos esta semana en La Paz cómo ejecutar el trabajo de producción, investigación y redacción en el taller "Minga periodística: Construcción de reportajes indígenas en América Latina". 

Arias es una líder del movimiento aborigen de su país, pero también estudió periodismo y es responsable de las noticias que aparecen en el sitio web de la ONIC y en su radio virtual Dachibedea (Nuestra Voz). De esa constatación se hicieron eco varios participantes del taller, auspiciado por el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), del que participaron aborígenes de Bolivia, Colombia, Ecuador, Guatemala, Perú y Venezuela que asumieron la tarea de informar, educar o denunciar desde radios comunitarias, medios alternativos o locales y organizaciones sociales, con diferentes propósitos reivindicativos o formativos. 

Dos periodistas de Nicaragua no pudieron asistir. Uno porque fue hospitalizado de urgencia por haber contraído paludismo, y el otro no logró convencer a la línea aérea de que no necesitaba visa para ingresar a Bolivia. Sus casos ilustran el tipo de dificultades que saltaron a cada paso desde que la agencia IPS me encargó la tarea de identificar a colegas dedicados a temas indígenas, proporcionarles entrenamiento y asistencia para que escribieran un reportaje cada uno, editar esos artículos y publicarlos en nuestro servicio mundial de noticias. En las zonas habitadas por pueblos originales de América Latina, la brecha digital "es un abismo", aseguraron varios. 

Algunos sólo tienen acceso al correo electrónico una vez por semana o cada 15 días. Eso le pasa al venezolano Jorge Montiel, del pueblo wayuu, que alberga la esperanza de conseguir una computadora propia en unos meses, cuando reúna 500 o 600 dólares para comprar una usada. En tanto, el viaje por río que quiere hacer el colombiano Milton Piranga para escribir sobre un pueblo amazónico en vías de extinción cuesta 1.500 dólares, más caro que un pasaje de avión a Europa. Piranga es de otro pueblo vulnerable, el koreguaje, concentrado en el departamento del Caquetá y reducido a unas 3.500 personas. Su padre, un cacique importante de su comunidad, fue asesinado por la guerrilla cuando él tenía 10 años. 

El idioma español que trajeron los conquistadores quedó expuesto también como materia de tensiones. Obligados a dominarlo para comunicarse entre sí y con el resto de la sociedad, los indígenas lo usan a veces a regañadientes. Había que ver a los invitados llegados de otros países entrevistando a campesinos aymaras en las montañas de Loripata, a 300 kilómetros de La Paz. Doña Teodora explicaba impasible en su lengua cómo había construido en 25 días y con ayuda de sus vecinos la terraza en la que plantó nabos, hasta que una colombiana se impacientó: "Háblame en español, así no nos entendemos". Ante la insistencia, Teodora accedió a intercalar en su discurso algunas palabras en castellano. 

La traducción simultánea, a cargo de un técnico del FIDA, sonaba demasiado sintética y nos dejó a todos con gusto a poco. Entonces, los entrevistadores decidieron grabar a la entrevistada en su lengua y pedir más tarde una traducción completa del registro al corresponsal de IPS en Bolivia, Franz Chávez, que domina la lengua aymara. En Loripata, unas 50 familias de tres comunidades sobreviven luchando contra la erosión de sus tierras, pequeños predios en empinadas laderas, cuyos suelos y abonos son arrastrados por el agua cada vez que llueve. Un programa financiado por el FIDA los asiste con fondos y ayuda técnica para recuperar antiguas prácticas de cultivo como las terrazas, que impiden la erosión, y para plantar árboles. Cultivan papas, maíz, algunas hortalizas, crían gallinas. Pero nada alcanza para superar la desnutrición. 

Sin embargo, nos recibieron con un banquete: papas de distintas variedades, hervidas u horneadas, yucas, tortillas de huevos criollos, pollos asados y hasta ensalada, una excentricidad sólo presente para agasajar a los visitantes. Mientras descendíamos por el sendero desde las terrazas hasta la aldea, la peruana Milza Hinostroza, de 23 años, egresada de una facultad de periodismo y parte del programa radial "El Cafetalero", pasó de entrevistadora a fuente, cuando comenzó a contar las realidades de los pequeños productores de café de su país, un tema que domina. 

En el taller hubo preguntas que eran desafíos. "¿Por qué tenemos que consultar como fuente a las empresas denunciadas por contaminar o saquear nuestras tierras o a los gobiernos, si ya salen todos los días en el periódico o en la televisión?". "¿Por qué tenemos que seguir los principios de imparcialidad, veracidad, multiplicidad de fuentes, si los grandes medios no lo hacen cuando informan sobre nosotros?". Las respuestas fueron por aproximación. Porque un artículo periodístico realizado con rigor puede llegar a un público más amplio que una declaración de denuncia, puede conmover a más personas, puede exponer los problemas de una manera más rotunda. 

Además, el periodismo es una herramienta maravillosa para obtener una perspectiva amplia de la realidad, para aprender a armar el rompecabezas de los problemas cotidianos, para ver las conexiones ocultas de los hechos y para notar los matices. Los hombres y las mujeres que se reunieron esta semana en La Paz llegaron al periodismo por necesidad, movidos por una urgencia anterior: denunciar lo que les pasa a los pueblos originarios de América Latina. Agradecieron la posibilidad del encuentro, del diálogo y de recibir un poco de ayuda técnica. El tiempo dirá si se apropian o no de este oficio.